Por: Dra. JoAnn Santiago
Febrero es el “mes del amor”, pero pocas veces hablamos de algo igual de real: el amor también mueve nuestra biología, nuestras emociones y nuestra salud mental. Enamorarse puede ser energizante, inspirador y hasta terapéutico… pero también puede traer ansiedad, vínculo emocional o tristeza cuando llega la desilusión.
Saber lo que pasa en cada etapa nos ayuda a vivir las relaciones con más claridad, autocuidado y compasión.
1) La chispa: atracción
Al principio, el cuerpo y el cerebro entran en modo “alerta positiva”. Se activa el modo de recompensa y aparecen sensaciones típicas:
- Furor, euforia, mariposas en el estómago
- Pensamientos frecuentes sobre la persona
- Energía alta, menos sueño o menos deseo de comer
- Motivación por “dar lo mejor”
¿Qué pasa en el cerebro? En esta fase suele subir la dopamina, un neurotransmisor relacionado con placer, motivación y recompensa. También se activa la adrenalina/noradrenalina, asociadas a esa sensación de aceleración, nervios, palpitaciones y foco fuerte.
Efecto positivo: puede subir el ánimo, la autoestima y el sentido de propósito.
Efecto negativo: si la emoción se vuelve intensa o inestable, puede aumentar la ansiedad, la impulsividad o las expectativas poco realistas.
2) La idealización: cuando el amor “pinta” con filtros
Luego viene una fase muy común: idealizar. No es mentira ni mala intención; es una forma del cerebro de enfocarse en lo gratificante y minimizar lo que no encaja.
Se manifiesta como:
- Ver a la otra persona “casi perfecta”
- Justificar señales rojas (“ya cambiará”, “seguro fue un mal día”)
- Pensar que esta relación “por fin lo resolverá todo”
Efecto positivo: fortalece el vínculo inicial y la confianza.
Efecto negativo: puede llevar a ignorar límites, tolerar actos dañinos o construir una relación desde expectativas irreales.
3) El apego: oxitocina y seguridad emocional
Con el tiempo, muchas relaciones pasan del “fuego” a algo más estable: el apego. Aquí se vuelve crucial la confianza, el cuidado mutuo y la sensación de hogar.
¿Qué hormona destaca aquí? La oxitocina, a veces llamada “hormona del vínculo”, se libera con el contacto afectivo, la intimidad emocional, los abrazos, la sexualidad y los gestos de cuidado. También suele participar la vasopresina, relacionada con compromiso y estabilidad en varios estudios.
Efecto positivo: favorece calma, seguridad, conexión y regulación emocional.
Efecto negativo: si hay inseguridad emocional, puede crecer el miedo a perder, los celos o la dependencia.
4) La desilusión: el momento en que aterriza la realidad
La desilusión no es que el amor se acabó. Denota que la relación entró en una etapa adulta: ver al otro como es, no como lo imaginamos.
Surgen: diferencias de valores o estilos, conflictos por comunicación, tiempo, prioridades y decepciones pequeñas o grandes.
Efecto positivo: si se maneja bien, mejora la relación con acuerdos reales, respeto y madurez.
Efecto negativo: si se vive como amenaza, puede crear alarma, resentimiento o discusiones repetitivas.
5) El desamor: duelo emocional y cuidado psicológico
Cuando una relación termina (o cuando se rompe por dentro, aunque no termine), puede sentirse como un duelo real. La mente pierde un “hábito emocional” y el cuerpo responde.
Es común sufrir:
- Tristeza, irritabilidad o vacío
- Problema para dormir
- Falta de concentración
- Pensamientos repetitivos (“¿qué hice mal?”)
Esto no es debilidad: es un proceso humano.
¿Cuándo debes buscar ayuda?
Si por más de dos semanas hay:
- Tristeza intensa casi todo el día
- Pérdida marcada de interés por actividades
- Cambios notables en sueño/deseo de comer
- Aislamiento
- Pensamientos de desesperanza.
Pedir apoyo (terapia, consejería, redes de apoyo) es una forma de salud, no de fracasar.
Amor saludable vs. amor que lastima: una guía rápida
Amor saludable se parece a:
- Paz + emoción (no solo intensidad)
- Libertad con compromiso
- Comunicación, acuerdos y respeto
- Límites claros sin miedo.
Amor que lastima suele incluir:
- Ansiedad constante, vigilancia, control
- Celos normalizados
- Aislamiento de amistades/familia
- Culpa, chantaje emocional, amenazas
- Ciclos repetidos de “me hiere / me pide perdón / me promete / se repite”.
Si identificas estas señales, vale la pena buscar orientación profesional.
Tres prácticas para cuidar tu salud mental en el Mes del Amor
- Ponle nombre a la etapa: “Estoy idealizando”, “estoy en apego”, “estoy en duelo”. Nombrarlo reduce confusión y culpa.
- Cuida tu identidad: una relación sana suma, no borra tu vida, tus metas y tu autocuidado.
- Regula antes de decidir: decisiones grandes (terminar, volver, confrontar) se toman mejor con la mente calmada, no en plena tormenta emocional.
En el Mes del Amor, es crucial recordar que amar no solo es sentir, sino también cuidar. Cuidar nuestras emociones, nuestros límites y nuestra estabilidad mental. Las relaciones sanas mejoran la autoestima, promueven la paz emocional y aportan equilibrio a nuestra vida.
El amor puede ser una fuente poderosa de bienestar emocional cuando se vive con respeto, juicio y autocuidado. Celebrar el amor también es promover la salud mental.
TSS-MKT-6163-2026-A
